Las estrategias de voluntariado corporativo se construyen a partir de diferentes elementos: oportunidades de participación, actividades con impacto, una comunicación clara y personas comprometidas que ayudan a impulsar la iniciativa dentro de la organización.
Sin embargo, cuando una organización apuesta por fortalecer su conexión con la comunidad, surge un reto habitual: ¿Cómo generar relaciones sostenibles que favorezcan la participación y creen oportunidades de colaboración con el entorno?
Una de las respuestas pasa por fortalecer el papel de las personas que actúan como puente entre la organización y la comunidad. En el caso de Savia Residencias, las personas que actúan como embajadoras del programa de voluntariado contribuyen a identificar oportunidades de colaboración con entidades, asociaciones y otros agentes del territorio, facilitando la llegada de iniciativas de voluntariado que enriquecen la vida de las residencias. Al mismo tiempo, impulsan la participación de las propias personas residentes, promoviendo espacios donde puedan compartir conocimientos, experiencias y capacidades con otras personas y colectivos.
Este enfoque permite entender el voluntariado no solo como una forma de recibir apoyo, sino también como una oportunidad para fomentar la participación social, el sentimiento de utilidad y el envejecimiento activo de las personas mayores, fortaleciendo los vínculos entre la residencia y la comunidad que la rodea.
Del voluntariado a la construcción de comunidad
Recientemente tuvimos la oportunidad de seguir acompañando a Savia Residencias en el desarrollo de su estrategia de voluntariado. Como parte de este proceso, facilitamos una nueva sesión formativa con su equipo de embajadores/as, un espacio diseñado para reforzar su papel como agentes dinamizadores de la participación dentro y fuera de la organización.
Más allá de comprender su rol, la formación buscaba generar ideas sobre cómo activar la participación desde una mirada cercana al territorio, a las personas y a las oportunidades existentes en cada contexto.
A menudo asociamos el voluntariado con la realización de actividades concretas. Sin embargo, detrás de cada acción existe una red de relaciones, conversaciones y oportunidades que hacen posible la participación. Comprender esta realidad permite ampliar la mirada y reconocer que el impacto no depende únicamente de las actividades que se desarrollan, sino también de la capacidad para generar vínculos y movilizar a las personas.
Mirar el entorno para descubrir oportunidades
Uno de los conceptos que trabajamos durante la sesión fue la importancia de entender el entorno como un ecosistema de relaciones.
Cada equipo, centro residencial y territorio cuenta con personas clave, intereses compartidos, espacios de encuentro y recursos que pueden convertirse en oportunidades para impulsar iniciativas de voluntariado. Identificarlos es un paso fundamental para diseñar acciones que respondan a la realidad de cada contexto.
Desde esta perspectiva, el papel de las personas embajadoras consiste en observar, escuchar, conectar y activar la participación. Detectar aquello que ya existe y que puede convertirse en un motor para la participación suele ser más efectivo que intentar construir procesos completamente nuevos desde cero.
Innovación social para activar la participación
En Volies incorporamos metodologías de innovación social en nuestros procesos de acompañamiento porque ayudan a generar soluciones desde la participación de las propias personas implicadas.
Durante la sesión combinamos contenidos prácticos con dinámicas participativas basadas en el mapeo de oportunidades y la cocreación. Desde el trabajo grupal, las personas con el rol de embajadoras se sintieron escuchadas y analizaron su realidad cotidiana, identificaron agentes clave, exploraron posibles barreras y construyeron conjuntamente propuestas de acción adaptadas a sus contextos.
Este tipo de metodologías permiten pasar de una visión centrada exclusivamente en la planificación de actividades a una mirada más amplia, donde las relaciones, el conocimiento del contexto y la inteligencia colectiva también forman parte de la estrategia.
El valor de las personas embajadoras
El rol de la persona embajadora no sustituye a las actividades, ni a la comunicación, ni a la estrategia de voluntariado. La aportación de esta figura consiste en reforzar todos estos elementos desde la cercanía y el conocimiento de su entorno.
Son personas que ayudan a:
- trasladar información
- recoger inquietudes
- identificar oportunidades
- y generar conversaciones que facilitan la participación de otras personas.
En definitiva, actúan como conectores entre la estrategia y la experiencia cotidiana de los equipos.
Porque muchas veces la participación no comienza cuando una actividad se publica o se lanza una convocatoria. Comienza antes: en una conversación, en una idea compartida o en alguien que identifica una oportunidad y decide dar el primer paso para ponerla en marcha.
Y es precisamente ahí donde las metodologías participativas, la innovación social y el trabajo de las personas embajadoras pueden contribuir a construir estrategias de voluntariado más conectadas con las personas y con la realidad de cada organización.


